Artículos Originales
Perception of pediatric nutrition training among health professionals: A cross-sectional study in Ecuador
Soraya Buele Muñoz1, Andrea Vaca Morocho2, David Guevara3, Manuel E. Baldeón4, Santiago Campos-Miño1-5
Introducción: la supervisión de la alimentación en el contexto ambulatorio y el soporte nutricional en el ámbito hospitalario son componentes fundamentales de la atención del niño. En Ecuador existe una prevalencia significativa de desnutrición crónica infantil que no se ha conseguido reducir a lo largo de los años y, en contraposición a esta realidad, la enseñanza de la nutrición pediátrica no es considerada suficiente. Métodos: estudio transversal con muestreo por conveniencia a través de una encuesta electrónica voluntaria y anónima a 543 asistentes a un evento pediátrico internacional. Resultados: entre los pediatras, 128/332 (38.5%) no recibieron ningún entrenamiento en nutrición o solo lo hicieron en el ámbito extrauniversitario; esto ocurrió en 65/115 (56.5%) de residentes y en 21/35 (60%) de las enfermeras. La mayoría de los participantes respondió que su formación en nutrición fue deficiente, mala o regular, tanto en pregrado (86%) como en posgrado (76%); que la nutrición debería ser una materia obligatoria en la enseñanza universitaria; y, que las instituciones de salud deberían implementar programas de educación continua en temas nutricionales. Los datos anteriores resultaron más evidentes entre los médicos residentes de Pediatría. Los participantes mostraron una importante limitación para tomar decisiones de manejo nutricional frente a los casos clínicos planteados. Conclusión: en Ecuador los profesionales encuestados percibieron limitaciones en su formación y confianza para el abordaje de la nutrición pediátrica. Estos hallazgos sugieren la necesidad de fortalecer espacios de capacitación en esta área, aunque deben interpretarse con cautela por el diseño transversal y la naturaleza autorreportada de la encuesta.
Palabras clave: nutrición pediátrica, entrenamiento en nutrición, educación médica, niños, encuesta, Ecuador.
Introduction: Feeding supervision in the outpatient setting and nutritional support in the hospital setting are fundamental components of child care. In Ecuador, there is a significant prevalence of chronic childhood malnutrition that has not been reduced over the years, and in contrast to this reality, pediatric nutrition education is considered insufficient. Methods: A cross-sectional study with convenience sampling was conducted through a voluntary and anonymous electronic survey among 543 attendees of an international pediatric event. Results: Among pediatricians, 128/332 (38.5%) received no nutrition training or only received it outside the university setting; this occurred in 65/115 (56.5%) of residents and 21/35 (60%) of nurses. Most participants responded that their training in nutrition was deficient, poor, or average, both at undergraduate (86%) and postgraduate (76%) levels; that nutrition should be a required subject in university education; and that health institutions should implement continuing education programs on nutritional issues. The above data were most evident among pediatric residents. Participants demonstrated significant limitations in making nutritional management decisions based on the clinical cases presented. Conclusion: In Ecuador, the surveyed professionals perceived limitations in their training and confidence in addressing pediatric nutrition. These findings suggest the need to strengthen training opportunities in this area, although they should be interpreted with caution due to the cross-sectional design and the self-reported nature of the survey.
Keywords: pediatric nutrition, training on nutrition, medical education, children, survey, Ecuador.
https://orcid.org/0009-0008-7344-2340
https://orcid.org/0000-0001-7960-965X
https://orcid.org/0000-0002-7259-5838
https://orcid.org/0000-0002-1243-7467
https://orcid.org/0000-0003-4686-7358
Usted es libre de:
Compartir — copiar y redistribuir el material en cualquier medio o formato.
Adaptar — remezclar, transformar y construir a partir del material para cualquier propósito, incluso comercialmente.
Recibido: 11-02-2026
Aceptado: 10-03-2026
Publicado: 28-06-2026
DOI: 10.47464/MetroCiencia/vol34/2/2026/8-19
*Correspondencia autor: soraya.buele@gmail.com
Introducción
Una alimentación adecuada es fundamental para el crecimiento y el desarrollo del niño. En el niño hospitalizado, la enfermedad aguda induce distintos grados de una respuesta metabólica capaz de consumir las reservas corporales de proteína y grasa y causar un deterioro nutricional agudo1–3. Si el niño es portador de una desnutrición crónica, la condición se complica aún más. Por lo anterior, la supervisión de las prácticas alimentarias, tanto en el contexto ambulatorio como el soporte nutricional en el ámbito hospitalario, deben considerarse como componentes fundamentales de la atención del niño2,4,5.
En Ecuador existen dos condiciones contrapuestas que atentan contra la salud nutricional de los niños. En primer término, por diferentes condiciones de tipo económico, sociocultural y de salud pública, existe una prevalencia significativa de desnutrición crónica infantil que no se ha conseguido reducir a lo largo de los años6–10 y, en segundo lugar, a pesar de esta realidad, la enseñanza de la nutrición pediátrica a nivel universitario no se aborda con la misma importancia que otras disciplinas y, en consecuencia, no es considerada suficiente11. La limitada educación en nutrición en la formación del personal de salud es un fenómeno generalizado a nivel mundial12,13 por lo que debería ser dimensionada apropiadamente para implementar las estrategias pertinentes de corrección.
El objetivo de este estudio fue describir la percepción de profesionales de la salud asistentes a un congreso académico en Ecuador sobre su formación, entrenamiento y práctica en nutrición pediátrica para detectar potenciales falencias y desarrollar las recomendaciones pertinentes para superarlas.
Metodología
Diseño del estudio: se trata de un estudio observacional, transversal, mediante una encuesta electrónica.
Diseño de la encuesta: se desarrolló una encuesta con el propósito de conocer diversas percepciones sobre el entrenamiento en nutrición de los profesionales de la salud que atienden niños en Ecuador, así como sobre su práctica clínica en esta área de la Pediatría. La metodología utilizada para el desarrollo de la encuesta siguió la normativa CHERRIES14. Se propusieron 40 preguntas que fueron analizadas por expertos en el área nutricional a nivel académico y hospitalario para identificar los aspectos más importantes a ser evaluados. Un primer cuestionario con 31 preguntas fue sometido a una prueba piloto entre médicos pediatras y residentes de pediatría para identificar oportunidades de mejora en la redacción y claridad de las preguntas. En el estudio piloto participaron 17 personas quienes no fueron excluidos de la encuesta final. El documento final consistió en 22 preguntas distribuidas en 3 secciones: a) datos sociodemográficos y laborales de los participantes (7 preguntas); b) entrenamiento recibido en nutrición en pregrado y posgrado (12 preguntas); y, c) percepción del participante de su capacidad de diagnóstico y tratamiento nutricional en la práctica clínica (3 preguntas). En algunas preguntas se empleó la escala de Likert de cinco puntos (1 = muy deficiente, 5 = excelente). Se adjunta el cuestionario completo como documento anexo a este manuscrito. Por tratarse de un proyecto conjunto, la encuesta fue finalmente revisada y aprobada por los presidentes de la Sociedad Ecuatoriana de Pediatría (SEPP), Sociedad Ecuatoriana de Nutrición Enteral Parenteral Clínica y Metabolismo (SENPE), y Sociedad Ecuatoriana de Cuidado Intensivo Pediátrico (SECIP). La implementación de la encuesta se realizó durante el XXIII Congreso Internacional de Pediatría que se desarrolló en Quito, Ecuador, entre el 23 y 26 de abril de 2025. El evento dispuso de una plataforma electrónica a través de la cual, durante los procesos de inscripción u obtención del certificado de asistencia, el profesional recibía una invitación para participar en la encuesta. La invitación tuvo un primer paso obligatorio de aceptación para participación voluntaria y anónima, luego de lo cual se podía acceder a la encuesta diseñada con Google Forms©. Antes de acceder al cuestionario, los participantes visualizaron una sección inicial de consentimiento informado electrónico, en la cual se explicó el objetivo del estudio, el carácter voluntario y anónimo de la participación, la ausencia de identificadores personales directos, el uso académico y científico de la información recolectada y la posibilidad de no participar sin consecuencia alguna. Solo quienes seleccionaron la opción de aceptación voluntaria pudieron continuar hacia las preguntas de la encuesta. La aceptación del consentimiento fue un requisito técnico para acceder al formulario, pero no constituyó una obligación de participar. Quienes no aceptaban podían cerrar el formulario sin registrar respuestas y sin que ello afectara su inscripción, asistencia o certificación del congreso. Los datos obtenidos fueron descargados a una matriz anonimizada en formato Excel y posteriormente migrados para su procesamiento estadístico con el programa R Studio versión 4.5.0.
Características de la muestra: se trata de una muestra de conveniencia conformada por profesionales de la salud asistentes a un congreso pediátrico internacional que aceptaron voluntariamente responder la encuesta electrónica anonimizada. El tamaño muestral se calculó con una confianza de 95%, 5% de margen de error y proporción esperada de 50%. El tamaño mínimo calculado es de 294 respuestas.
Criterios de elegibilidad: se incluyeron todos los participantes al congreso médico que voluntariamente respondieron a la encuesta electrónica. Todos los participantes al evento recibieron la invitación; no se envió recordatorios.
Manejo de datos: la encuesta fue diseñada para que no se permita avanzar en ella sin contestar todas las preguntas; de esta manera no se esperan datos faltantes. La encuesta electrónica está configurada para que se pueda ingresar solamente una vez y de esta manera evitar duplicados.
Aspectos estadísticos: para las variables categóricas se utilizó estadística descriptiva con frecuencias y porcentajes, las variables continuas fueron categorizadas para su análisis y las variables categóricas ordinales se utilizaron para el análisis de componentes principales (ACoP) (15).
Análisis de componentes principales (ACoP): con el propósito de sintetizar la información proveniente de los ítems relacionados con la formación en nutrición pediátrica y la capacidad percibida para resolver casos clínicos, se aplicó un análisis de componentes principales (ACoP). Este método permite reducir la dimensionalidad de un conjunto de variables correlacionadas mediante la generación de componentes no correlacionados que concentran la mayor proporción posible de la variabilidad observada16. Se optó por ACoP en lugar de análisis factorial exploratorio debido al reducido número de ítems disponibles y al interés principal de construir un indicador sintético más que identificar factores latentes subyacentes. Previamente, la consistencia interna de los cuatro ítems incluidos en el análisis fue evaluada mediante el coeficiente alfa de Cronbach, obteniéndose un valor de 0.80, considerado indicativo de buena fiabilidad interna15. Los ítems evaluaban la percepción de la formación en nutrición pediátrica durante el pregrado y posgrado, así como la percepción de preparación para resolver casos clínicos relacionados con nutrición pediátrica. El ACoP identificó dos componentes principales que explicaron conjuntamente el 83.4% de la varianza total de los datos (63.1% del componente 1 y 20.3% del componente 2). Estos resultados respaldaron la existencia de un constructo común relacionado con la formación percibida en nutrición pediátrica y la capacidad para resolver casos clínicos, justificando la construcción del Índice de Formación Percibida (IFP) que se describe a continuación.
Construcción del Índice de Formación Percibida (IFP): con el objetivo de sintetizar la percepción global de los participantes respecto a su formación en nutrición pediátrica, se construyó un indicador compuesto utilizando los cuatro ítems que previamente demostraron adecuada consistencia interna (alfa de Cronbach = 0.80) y una estructura común mediante el análisis de componentes principales. Dado que todas las variables se encontraban medidas mediante escalas tipo Likert, cada una fue transformada a puntuaciones estandarizadas (z-scores), con media cero y desviación estándar uno para asegurar su comparabilidad. Posteriormente, el IFP se calculó como el promedio aritmético de las puntuaciones estandarizadas de los cuatro ítems. Valores positivos del índice reflejan una percepción de formación superior al promedio de la muestra, mientras que valores negativos indican una percepción inferior17. Para comparar el IFP entre las distintas profesiones y categorías de experiencia laboral, se evaluó previamente la normalidad de la distribución mediante la prueba de Shapiro–Wilk. Debido a que los datos no siguieron una distribución normal, las diferencias entre grupos se analizaron mediante la prueba no paramétrica de Kruskal–Wallis. Cuando se identificaron diferencias estadísticamente significativas, se aplicó la prueba post hoc de Dunn con corrección de Bonferroni para comparaciones múltiples, con el propósito de determinar entre qué grupos se encontraban dichas diferencias18.
Aspectos éticos: por tratarse de un estudio con aceptación voluntaria para participar en una encuesta electrónica anonimizada, se obtuvo la carta de exención por parte del Comité de Ética de Investigación en Seres Humanos del Hospital General del Sur de Quito (CEISH-HGSQ-2026-009). Para participar en la encuesta no se pidió ningún identificador personal ni tampoco fue un requisito para la inscripción en el congreso o para obtener el certificado de asistencia.
Resultados
Asistieron al XXIII Congreso Internacional de la Sociedad Ecuatoriana de Pediatría 1242 personas; 543 (43.7%) aceptaron responder a la encuesta. La mayoría de los participantes fueron mujeres, pediatras generales, con edad entre 31 y 50 años y labor preferentemente hospitalaria en una institución pública (tabla 1). Solamente hubo 3 participantes nutricionistas/dietistas de profesión. Aunque la mayoría de los participantes no eran docentes universitarios, en la mayoría de las instituciones en donde laboraban se reportó la existencia de un programa de posgrado en Pediatría.
Entrenamiento formal universitario en nutrición pediátrica: se evaluó el entrenamiento en nutrición, tanto en pregrado como en posgrado, entre los distintos grupos profesionales. Las respuestas fueron similares entre pediatras generales y pediatras subespecialistas, por lo que este grupo se describe en conjunto. Entre los pediatras, 128/332 (38.5%) respondieron que no habían recibido ningún entrenamiento en nutrición o que solo lo hicieron en el ámbito extrauniversitario; esto ocurrió en 65/115 (56.5%) de residentes y en 21/35 (60%) de las enfermeras. En estos mismos grupos, 82 (24.7%), 15 (13%) y 8 (22.9%) participantes no recibieron nutrición como disciplina independiente, sino que lo hicieron ocasionalmente al momento de estudiar las diversas patologías (Figura 1). Además, 226/543 (41%) participantes no habían asistido a ningún evento de actualización en nutrición pediátrica en los últimos 3 años, algo menos en pediatras generales (37%) en comparación con otros grupos profesionales (46.2%, p=<0.0001). Al preguntar a los participantes acerca de su percepción sobre su formación universitaria en nutrición, la mayoría respondió que era deficiente, mala o regular, tanto en el pregrado (86%) como en el posgrado (76%) (Figura 2). En contraposición a estos datos, la mayoría de los participantes indicaron que el entrenamiento en nutrición pediátrica idealmente debería ser considerado como materia independiente y de manera obligatoria tanto a nivel de pregrado (475/543; 87.5%) como postgrado (505/543; 93%) y que le gustaría que su institución implementara un programa de educación continua en nutrición pediátrica (93.5%).
Práctica nutricional en el ámbito institucional: La mayoría de los participantes (66.8%) reportaron que en su institución no había protocolos de soporte nutricional o que desconocía de su existencia. Esta necesidad fue mayor para pediatras generales (72%), residentes (71.3%) y nutricionistas (66.6%) en comparación con subespecialistas (56%) y enfermeras (42.9%). Al consultar sobre la realización de la evaluación nutricional, estimación del riesgo nutricional e implementación del soporte nutricional a los pacientes en las diferentes instituciones, la mayoría de los participantes (63.7%) respondió que estos procedimientos solo se hacen a veces, muy raramente o nunca, hecho reportado con mayor frecuencia entre los residentes (80%). Se reportó además que, durante el pase de visita, el componente nutricional de los casos clínicos no se discutía en el 70% de los casos. A pesar de que se reportó que en menos de la mitad de las instituciones (48%) existe un profesional en nutrición pediátrica para hacer interconsultas, para la planificación del manejo nutricional el 60% de los participantes reportó no hacerlo en forma personal sino a través de interconsultas al servicio de nutrición; la frecuencia de esta interconsulta fue mayor entre los residentes (73.9%) y menor entre pediatras generales (58%) y subespecialistas (60%) (Figura 3). No se preguntó sobre la disponibilidad de servicio de nutrición en las instituciones de los participantes, pero el 93% mostró interés en que éstas implementen programas de educación continua en nutrición.
Resolución de casos clínicos: para evaluar la preparación del participante en la resolución autónoma de casos clínicos, se plantearon dos escenarios frente a los que la mayoría de los participantes no se sintieron preparados para manejarlos en forma personal (caso 1: 78.8%; caso 2: 76.9%). Sin embargo, los datos obtenidos mediante el ACoP permitieron encontrar una asociación entre una mejor formación en nutrición en pregrado y postgrado, sobre todo en esta última instancia de entrenamiento profesional, con una mayor capacidad de resolver los casos clínicos. El análisis del IFP demostró diferencias significativas entre médicos pediatras subespecialistas y médicos residentes (p=0.00013) (figura 4), mostrando una mejor percepción de su formación en los subespecialistas. Este mismo análisis con IFP no encontró una asociación entre años de experiencia profesional y mejor capacidad para resolver los casos clínicos (p=0.552) (figura 5). Se realizó un análisis separado para los médicos residentes en todas las variables sobre práctica nutricional (Figura 3) y se encontró percepciones aún más negativas en este grupo en comparación con los datos generales.
Discusión
La presente encuesta, realizada en 543 profesionales de la salud que atienden niños en Ecuador, sugiere falencias importantes en la formación universitaria en nutrición pediátrica. Una proporción significativa de los participantes no recibió ningún entrenamiento durante su formación o solo lo hizo a nivel extracurricular. La mayoría de los participantes respondió que su formación en nutrición fue deficiente, mala o regular, tanto en pregrado como en posgrado, que la nutrición debería ser una materia obligatoria en la enseñanza universitaria, y que las instituciones de salud deberían implementar programas de educación continua en temas nutricionales. Los datos anteriores resultaron más evidentes entre los médicos residentes de Pediatría, lo que podría indicar que el entrenamiento universitario en nutrición no ha mejorado a lo largo del tiempo. Como consecuencia, los participantes mostraron una limitación para tomar decisiones de manejo nutricional frente a los casos clínicos planteados.
En una publicación local reciente11 ya se describió la presencia de falencias en la enseñanza universitaria de la nutrición. En estudios internacionales, los clínicos también evaluaron que sus conocimientos de nutrición eran inadecuados y la mitad de los graduados de las escuelas de medicina reportaron que el tiempo dedicado a la nutrición era insuficiente19,20. Con estos argumentos, la Sociedad Europea de Nutrición Clínica y Metabolismo (ESPEN, por sus siglas en inglés) realizó una encuesta en varias universidades de sus 57 países afiliados en 2016. Se incluyeron también 2 países de Latinoamérica. Los resultados mostraron que se enseñaba nutrición clínica en la mayoría de las universidades (73,3%) -pero no en todas-, siendo obligatorio en 55,4% y electivo en 17,9% de los centros, con gran variabilidad dentro de un mismo país. El número de horas dedicadas a la enseñanza de la nutrición fue de 8 horas en 72,5% de las universidades, entre 4 y 8 horas en 15%, y menos de 4 horas en 12,5%. La mayoría de los centros reportaron que las horas de enseñanza se consideraban como inadecuadas (66,1%); un problema adicional fue que la nutrición no se enseñaba por separado, sino que formaba parte del currículo de otras disciplinas como pediatría, gastroenterología, cirugía, medicina interna o cuidados intensivos, hecho también reportado en nuestros participantes21. En una encuesta posterior de la misma sociedad científica en países europeos, con una cifra parecida a lo encontrado en Ecuador, se encontró que solo 28% de los participantes tenían un entrenamiento regular en nutrición, aunque con una frecuencia variable desde una vez por semana hasta una vez por año, y que una minoría de países seguía el sílabo recomendado para el entrenamiento en nutrición22. En otro estudio, más preocupante aún, se reportó que en centros universitarios de Estados Unidos y Canadá con postgrados de subespecialización de gran prestigio en cuidados intensivos pediátricos (en donde el soporte nutricional es de gran importancia), dedicaban solamente 5 horas por año académico a la discusión de temas nutricionales23. Es necesario hacer notar que el entrenamiento insuficiente o la falta de recursos de aprendizaje se han asociado con errores frecuentes en la prescripción del soporte nutricional, incluso en hospitales pediátricos de tercer y cuarto nivel24; esto corresponde a la percepción de los participantes de nuestra encuesta, quienes no se consideraron aptos para el abordaje clínico de los casos planteados y a su alta tendencia a solicitar interconsultas a servicios especializados de nutrición. Estas falencias se repiten en la literatura cuando se analizan programas de entrenamiento en pediatría y gastroenterología pediátrica, así como en las escuelas de medicina25,26. El reconocimiento de esta desafortunada realidad ha ido creciendo y, recientemente, en agosto de 2025, se ha llegado al punto en que, profesionales de salud de Estados Unidos han declarado una emergencia nutricional demandando de las universidades extensas reformas para optimizar la enseñanza de la nutrición27.
Este estudio presenta las limitaciones propias de un diseño transversal, por lo que los hallazgos deben interpretarse como una descripción de las percepciones de los participantes en un momento determinado. La presencia de potenciales sesgos de selección no hace posible establecer causalidad, evolución temporal del entrenamiento ni cambios en la formación académica a lo largo del tiempo. Además, al tratarse de una encuesta basada en auto-reporte, los resultados reflejan percepciones subjetivas y no una medición objetiva de competencias clínicas, desempeño profesional o políticas institucionales.
En conclusión, se han identificado importantes falencias en la formación universitaria en nutrición entre profesionales de salud que atienden niños en Ecuador, se ha detectado una limitación personal de los profesionales para la resolución de problemas clínicos nutricionales y numerosas falencias institucionales en cuanto a la existencia o implementación de protocolos de diagnóstico y tratamiento nutricional para niños. Se requieren medidas urgentes, a nivel personal, universitario, hospitalario y gubernamental, para mitigar estas falencias.
Conflictos de interés: los autores reportan no tener ningún conflicto de interés con la realización de este estudio.
Fuente de financiamiento: ninguna.
Contribución de los autores:
Concepción y diseño del estudio: SBM, AVM, MEB, MSCM
Adquisición, análisis e interpretación de los datos: SBM, AVM, DG, MEB, MSCM
Redacción del manuscrito: SBM, MSCM
Revisión y aprobación del manuscrito: SBM, AVM, DG, MEB, MSCM
Agradecimientos: a las sociedades científicas que auspiciaron el estudio.